Blogia

la ventana

Qué me está pasando

Estoy empezando a ver cosas, que no quiero ver en mi vida. Soy un ciudadano tranquilo, no conflictivo, que paga sus impuestos como el mejor. Tengo mis derechos, pardiez. Y exijo que se cumplan.
Me molesta ver, cada mañana, a un señor, durmiendo entre cartones, en un recodo del local vacío de al lado de mi casa.
Enterarme, de pronto, que en España hay gente que realmente lo pasa mal. Que me expliquen cómo se ha llegado a esta situación si la semana pasada lo del tsunami ya estaba controlado y quedaba solo por arreglar lo del hambre en Africa.
Se me queda grande el ver cómo una comunidad se convierte en país. Me jode que me tachen de facha por querer ser español y que me llamen nacionalista por sentirme maño, esto se me escapa, de verdad.
Leer en la prensa que la obra del AVE se acaba en el 2007 y sonarme a cachondeo.
Me da miedo el pensar que puede haber algo raro en el tiroteo a la periodista italiana.

Por todo esto y mucho más, ¡pero mucho!, les pido que me devuelvan a matrix. Que cambio el color de la pastilla, que me bajo del coche porque sé dónde acaba el camino. De verdad, no quiero vivir la realidad que estoy descubriendo, prefiero su mentira. Porque estaría obligado a intentar hacer algo, a tratar de cambiar ciertas cosas como haría cualquiera en mi lugar. Si, somos buenas personas, pero nos manipulan. La culpa no es nuestra.

Súbanme la dosis de fútbol o de tetudas por la noche o de gilipollas diciendo chorradas a media tarde o declaren gran hermano de interés nacional. Yo no lo sé, la solución es suya. Ustedes gobiernen que yo me limitaré a seguir viviendo. Pero dense prisa porque me estoy despertando.

Morir de amor

Un anciano de 84 años ha matado a su esposa de 83 años para después suicidarse. Relata el diario Heraldo de Aragón que la mujer llevaba sufriendo los diez últimos años de su vida diversas enfermedades.
Sinceramente, no sé que opinar.
Tal vez el hombre haya rebasado sus límites y cogido el camino más corto para terminar así con su sin vivir. Cansado ya de los cuidados eternos a su pareja, de las noches en vela, de su cuerpo gastado, de su morir por no morir.
Dicen los vecinos que realmente el hombre vivía para su mujer, que su vida giraba en torno a la de ella.
Pero, saben, lo que me gustaría pensar es otra cosa. Querría creer que este hombre compró dos billetes para un viaje planeado entre ambos, al cual, en principio, él no estaba invitado. Y que, sabiendo que seguiría en su morir por no morir, totalmente diferente, pero quizás más amargo, decidió no dejar escapar el tren, para una vez que pasa en la vida.

Llamen a la Guardia Civil

De 6 meses a 3 años de cárcel por un delito de malos tratos a niños. Yo, la verdad, es que alucino.
La comunidad tiene potestad para decidir si retira o no la tutela a los padres sentenciados por este delito. Vamos, no se corten, alucinen también conmigo.
Así está la ley aquí en mi tierra. Desconozco si es igual de "dura" en toda España pero imagino que, en caso de ser diferente no lo será tanto como para hacerme dejar de alucinar.
La última barbarie de la que he tenido constancia, y seguro me entero de las menos, la he leído hoy en Heraldo de Aragón: Un hijo de puta muele a palos a un niño porque le sale de los cojones, rezaba el titular. Al menos, eso es lo que me ha parecido que ponía.
Aunque quizás no fuera para tanto, ya que el artículo añadía que la madre no hizo nada para evitarlo, quizás era una reprimenda por no haber cumplido sus obligaciones. Pues no quiero ver al cabronazo el día que se levante con el pie izquierdo.
O igual si que quisiera verlo. A lo mejor no me cambiaría de acera si me lo encontrara un mal día. No para nada serio, simplemente para regañarle por lo que ha hecho, para intentar hacerle ver que me parece que se había pasado un poco.
Porque ahí quedaría todo. No creo que yo fuera capaz de machacarlo de tal manera para hacerle sentir miedo de verdad nada más que me viera a lo lejos, para que se meara encima cuando yo alzara la voz, para ver su expresión de acojonado cuando me acercara hacia él, para alimentar mi ego a la par que él va perdiendo su autoestima y para, dentro de unos años, posiblemente, enorgullecerme de ver como se ha convertido en alguien como yo.
Ya les digo, no creo que fuera capaz. Pero por si acaso les pido que llamen a la Guardia Civil para que me detengan por un posible y futuro delito de agresión. Me parece que la pena por este delito está estipulada en dos cachetes, tres gritos y jurar por el niñito Jesús no volver ha hacerlo nunca más (y no vale cruzar los dedos mientras se jura).
Tal vez, si lo hiciera, me convertiría en un serio aspirante a cabronazo. Podría llegar ha caer tan bajo como él. Pero habría una pequeña diferencia, el hijo puta en cuestión tiene 44 años y dos manitas para defenderse. Porque atacar ya veo que sabe, manda huevos.